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    24 November

    NO a la violencia

     

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         El origen del 25 de noviembre se remonta a 1960, año en el que las tres hermanas Mirabal fueron violentamente asesinadas en la República Dominicana por su activismo político. Las hermanas, conocidas como las "mariposas inolvidables" se convirtieron en el máximo exponente de la crisis de violencia contra la mujer en América Latina. El 25 de noviembre ha sido la fecha elegida para conmemorar sus vidas y promover el reconocimiento mundial de la violencia de género. Este día se ha celebrado en América Latina desde los años 80.

         Debemos saber que, violencia de género, es la que normalmente tienen las mujeres, a manos  de sus ex ó parejas, y violencia doméstica, son todos los maltratos relacionados con niños, familiares, abuelos, padres…

         Asombro, pena, rabia… son sentimientos que nos despiertan las muertes, palizas, humillaciones… que genera la violencia, sea cual sea su índole.

         La justicia, aun tiene muchas lagunas en este sentido, puesto que siguen habiendo muertes después de 20 denuncias y una orden de alejamiento.

         Los niños, tienen que terminar en el hospital, para que exista alguna acción legal contra sus padres ó tutores en muchos casos.

         Los ancianos, cuantos se habrán llevado a la tumba, la tortura física o síquica, a la que han sido sometidos.

         ¿Y a todo esto cual ha sido nuestra actitud?,¿ hemos aconsejado, denunciado, en la mayoría de los casos? NO, los motivos son muy diversos: para que, si discuten y a la hora están juntos otra vez, eso es problema de ellos. Es que el niño, no hay quien lo aguante, mano dura.

         Son excusas que solemos poner, no nos damos cuenta, que los celos y la intolerancia, nacen sin engendrarlos y crecen sin alimentarlos.

         Lo que se debería observar más de cerca, es que casi siempre detrás de un  maltratador, se esconde una infancia infeliz, esto en ningún caso justifica los hechos, pero si podríamos intentar corregirlos.

         Muchos padres creemos que todo va bien, que tenemos hijos ejemplares, porque no dan problemas, no nos preocupamos de crecer con ellos, vivimos en mundos diferentes.    Ejercemos de padres, cuando las notas escolares, no son todo lo buenas que quisiéramos, ó cuando se considere que llegar a las cuatro de la mañana, es excesivo, para la edad que tiene.

         Es en la edad temprana, cuando podríamos hacer algo. La infancia y la adolescencia, marcan mucho en el equilibrio y la autoestima de una persona, en la madurez.

         Tenemos que ser siempre nosotros mismos, no dejar de hacer esto o aquello, porque no le guste a la otra persona.

         Jamás debemos  sentirnos culpables, y aguantar gritos, insultos y golpes.

         Si miramos a nuestro alrededor, seguro que encontramos situaciones similares: denuncias que llegan a los juzgados ó comisarías, son una pequeña parte. Aún quedan muchas personas sufriendo en silencio, ó que formulan la denuncia y luego se retractan de lo dicho,  por miedo.

         En el caso de los hombres, se oculta o disimula por vergüenza, o por creer equivocadamente, que se soluciona callando o asintiendo, cuando lo único que consiguen es  “vivir”, según los parámetros marcados por su esposa ó pareja.

         Debemos concienciarnos, que la violencia no es solo agresión física, los insultos, vejaciones y gritos, como argumento, también lo son, la mayoría de las veces, terminando con un desenlace fatal.

         El que relatamos a continuación, es un hecho real, (mantenemos la identidad de la persona en el anonimato, por su expreso deseo), donde más de uno-a, seguramente se sentirá reflejado en el.

     

     

      CASO REAL...... 

     

         Al llegar esta fecha no puedo remediar el tener que recordar,  (aunque siempre un día más que otro lo tengo presente) lo que ha sido parte de mi Vida.

          Me casé enamorada y con mucha ilusión de formar un hogar.

           A los 18 meses de casada, di a luz mi primer hijo, ahí fue cuando sentí mi primer dolor, no era dolor de parto; sino dolor de decepción y desamor.  En primer lugar no me acompañó al materno porque decía que tenía que ir a su trabajo,  (cuando él tenía la facilidad de cambiar los turnos) y en segundo lugar, en el momento de nacer mi hija no lo vi a mi lado.

            Pensé; ¡no debo ser injusta, porque posiblemente no pueda ver una mujer en estas condiciones!

            Pasaron 3 años, y la necesidad me obligó tener que ir a trabajar, teniendo que dejar a mi hija con un familiar, porque mi pareja en ningún momento se digno a cuidarla ya que estaba libre de mañana ó de tarde

            A los 2 años y medio decidí traer mi segundo hijo, (él también estaba de acuerdo) aunque yo era consciente que el trabajo iba ser doble. No me importaba; solo pensaba  en mi hija que no se sintiera sola.

            Nació mi segundo hijo. Al finalizar mi maternidad  fui a reincorporarme a mi trabajo  y no fue posible, porque no me hacían más contratos.

            Ahí  fue cuando comenzó en verdad a empeorarse la situación.  Se dedicó marcharse todos los años durante 15 días de vacaciones con sus amigos. En unas de las tantas que realizó tuve que operar a mi hijo, el cual me acompañó en ese momento, pero días después se marcho  sin mirar atrás. Una vez más me quedaba sola con mis niños.

            Sentía mucha soledad en esos momentos. Él no le gustaba que viniese nadie  a casa, y esa era la razón que me encontrara  tan sola. Sus compañeros me criticaban por la sencilla razón  que no iba a visitarle al trabajo como hacían las demás esposas;  era normal, lo que no sabían es que él no me dejaba.

             El tiempo libre lo dedicaba estar con amigos,  beber, gastar dinero (lo que tenía y lo que no)

            Recuerdo un día de tantos fuimos almorzar a un restaurante, hizo lo mismo que hacía en casa  dar un golpe en la mesa cuando se enfadaba. Ese día fue unos de los últimos días que salimos juntos. Mis hijos y yo bajábamos la cabeza con ganas de perdernos en ver cómo nos miraban los que se encontraban en ese momento allí.

             Al igual se dedicó un tiempo llegar a casa y tirar el plato de comida que le tenía preparado a la basura (yo prefería eso ante que se pusiera a dar gritos por no tenerla preparada) romper cualquier detalle que me gustaba etc.

             Poco a poco me di cuenta que el amor que llegué a sentir  se estaba apagando lentamente. Yo misma me echaba la culpa, porque pensaba que el amor no se acabaría nunca.

             Fue cuando decidí  acostarme  en otro dormitorio. Se enfadó muchísimo,  y empezó a   vigilarme detrás de una columna frente donde dormía.

            Mis ojos no podían cerrarse  porque empecé a sentir mucho miedo, ya no solo por mi; sino por mis hijos.   

             Llegó un día muy triste;  fue la muerte de mi padre el cual para mí  sembró mucho amor, era admirado, respetuoso  tanto para mi madre  como para el resto de la familia. Ese día tuve el valor suficiente para decirme a mi misma ¡hasta aquí llego! Porque fue un día que en ningún momento se acercó a darme una palabra de consuelo.

            Me sentía derrotada ante 17 años de lucha, pero a la vez tenía que coger fuerza  para poder sacar a mis hijos hacia delante.

            Seguidamente hablé con él,  le comenté que quería separarme, me decía ¡pero si nunca te ha faltado el sueldo! (para él eso era lo suficiente para vivir en familia) lo tomó a broma, hasta que llegó la cita del  Juzgado.

            Les diré que el último año que viví con él, era como una persona que en verdad no conocía

            En el momento de su marcha le deseé toda la suerte del mundo, en primer lugar porque es persona y como humano nos podemos equivocar, y en segundo porque es el padre de mis hijos y se merece lo mejor, porque todo lo que pasó fue cosa de DOS y de nadie más

            Han pasado tres años y todavía mi hija me dice, ¿cuándo será el día que pueda dormir con la puerta de mi dormitorio abierta?

            Sé que ese día mi niña poco a poco llegará, con mucho DIÁLOGO y mucho AMOR.

         Y decirles que lo más bello que me ha ocurrido en mi vida; ES TENERLOS A USTEDES DOS.

     

     

     

      Tere e Isabel